La pandemia, desde la teoría y experiencia económica

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La posibilidad de un desempeño económico en forma de “V” descansa en ciertos supuestos que podrían no darse

29 de abril 2020 - La falta de antecedentes para los severos efectos que está teniendo la pandemia ha llevado a muchos economistas del área a reaccionar de la siguiente manera: “para analizar la situación actual no hay ninguna guía, ni teórica ni empírica”.

Esta afirmación, que parece indiscutible, no está lejos de la realidad.

Se suma a esto que los datos económicos mensuales o trimestrales llegan siempre con cierto rezago. Si bien en situaciones normales es razonable, en las circunstancias actuales ha hecho que los datos fuesen básicamente irrelevantes cuando fueron reportados.

No obstante, desde la economía han surgido explícita e implícitamente algunas herramientas útiles para analizar la situación actual y subsanar estas falencias.

La parte teórica es más lenta y compleja, pero volviendo a los principios básicos de la economía se puede llegar a algunas conclusiones interesantes. Por ejemplo, las tradicionales medidas expansivas de la actividad, como son el aumento de la cantidad de dinero y/o reducción de la tasa de interés o el aumento del gasto fiscal y/o reducción de impuestos.

Todas ellas descansan en la suposición de que en la economía hay capacidad productiva disponible, la cual se utilizará en mayor medida a través de las estrategias antes comentadas, puesto que éstas aumentan la demanda. Claramente esto no opera de la misma manera en la situación actual, en la cual de diversas maneras los gobiernos están incentivando e incluso forzando a buena parte de la capacidad productiva de las economías a permanecer fuera del proceso productivo. Por lo tanto, no es de extrañar que las medidas a veces llamadas de “estímulo” no funcionen en las actuales circunstancias. Esto no debe ser motivo de alarma.

Adicionalmente, el hecho de que la capacidad productiva no está siendo utilizada en su totalidad, pero tampoco está siendo reducida o dañada de manera relevante, hace suponer que la recuperación del nivel de actividad debiera ser relativamente rápido, al menos hasta niveles no muy lejanos al previo a la crisis.

Recuperación económica en crisis

Lo anterior genera una recesión y posterior recuperación en forma de “V” en términos de tasas de crecimiento, pero descansa en ciertos supuestos que podrían no darse. El principal es que la pandemia sea controlada de alguna manera y la mayoría de las actividades puedan reiniciarse, más allá de que se necesiten medidas nuevas de protección de las personas.

Con respecto a esta posible recuperación rápida de la economía es bueno hacer la precisión que no se espera algo inmediato o de unas cuantas semanas: en macroeconomía la unidad de tiempo básica es el trimestre. Rápido se entiende como en, por ejemplo, de dos a tres trimestres.

Un antecedente histórico interesante de esto fue recientemente publicado y se refiere a cantones de Dinamarca luego de la pandemia de 1918, en donde se observó una rápida vuelta a la actividad normal luego de la pandemia, sin diferencias importantes entre los cantones que aplicaron cuarentenas más restrictivas y los que no. Debido a que en ese tiempo no se medían los PIB y que muchos de los países más importantes participaron de la primera guerra mundial, este antecedente si bien no es ideal es lo más cercano a un experimento de laboratorio que se ha encontrado.

Información financiera más rápida y actualizada ante la pandemia

Otra línea de esfuerzos va en la dirección de obtener información más actualizada y frecuente. En esa línea, dentro de diversas alternativas, el indicador semanal de actividad económica que publica en “Fed” de Nueva York de manera muy rápida, por ejemplo, el dato publicado el 28 de abril refleja la actividad medida hasta el 25 de abril sin utilizar variables financieras, lo que es importante para reflejar el estado de la economía y no la proyección implícita del mercado financiero sobre el estado futuro de la economía.

La noticia es que este indicador está mostrando una baja anualizada de 11,6%, algo mayor a las bajas en las semanas anteriores, lo que en conjunto hace pensar que un indicador mensual de PIB para abril en los EE. UU. podría estar en torno al -10% anual.

A su vez, esta cifra es muy útil para estimar, con toda la incertidumbre existente, la baja esperable en el PIB anual si se acompaña de una estimación de la duración de las restricciones a la actividad. Incluso se puede extrapolar a otros países, por cierto, con los posibles sesgos o errores de estimación adicionales. En definitiva, este indicador ratifica que al menos la primera mitad de la “V” está sucediendo sin lugar a duda, la segunda parte de recuperación es más incierta, pero aparece como lo más probable.

 

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Valentin Carril

Economista en Jefe para Latinoamérica Principal

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